Instigado por los sectores más conservadores españoles, y aprovechando un decreto que quería cambiar la vestimenta habitual del embozo (capa larga y sombrero ancho) que permitía a los criminales el mantener el anónimato, sustituyéndolo por el sombrero de tres picos y la capa corta, el pueblo de Madrid se sublevó solicitando la expulsión de uno de los ministros ilustrados y reformadores del rey Carlos III: el marqués de Esquilache.
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